Cuando pertenecer duele… y excluir parece la única salida
- asp3020
- 18 may 2025
- 3 Min. de lectura

Hay una etapa más o menos entre los 10 y 14 años hola en la que las niñas aún tienen cuerpo de niñas… pero por dentro, ¡ya traen la revolución armada!
El alma se inquieta. El corazón late fuerte buscando un lugar donde afirmarse. Un espacio donde sentir que es alguien para los demás. Y ahí es donde empieza el espectáculo… o mejor dicho, el drama.
Se crean pequeños “clubes” con nombres secretos, rituales casi sagrados y códigos de pertenencia que, aunque no siempre se vean… ¡pesan como si llevaran un ladrillo invisible en la mochila!
🎒 Las mismas mochilas.
👟 Los mismos tenis de marca.
🎫 Los mismos boletos VIP para los conciertos de moda.
Y claro… ¡nosotras, las mamás, también caemos en la trampa!
“¿Cómo no le voy a comprar los mismos tenis si todas los tienen?”
“Ay, no quiero que se sienta fuera… mejor que tenga lo mismo que las demás.”
Y así, lo que parecía un jueguito inocente, se convierte en un ensayo de la vida real:
Porque sí, a veces, para pertenecer… hay que excluir.
¿Por qué pasa esto?
Porque cuando la capacidad de relacionarse aún está en pleno desarrollo, se recurre a lo que se tiene a mano:
🔹 Se busca unir desde lo visible, lo externo.
🔹 Y lo que no se puede integrar… se rechaza.
Así aparece el famoso: “Nosotras…”Y justo detrás, como sombra inevitable el: “Ellas no.”
Lo que empezó como un “¡somos iguales!”… termina separando.
Cada gesto de exclusión refuerza una identidad frágil, que apenas empieza a construirse.
Aunque nos pese aceptarlo, en este punto, ellas sienten que llevan la delantera, sienten que:
✅ Ganan seguridad.
✅ Ganan reconocimiento.
✅ Ganan “su lugar”…
Pero lo triste es que no lo ganan desde lo que descubren de sí mismas… Sino desde lo que deciden NO ser.
Y aquí, mamá, es cuando más te necesita.
No para comprarle lo que piden todas.
No para llenarla de discursos bien intencionados.
¡Te necesita para acompañarla!
Sí, así de simple… y así de difícil.
Cuando llegue esa mirada que te parte el alma y la frase inevitable: “Mamá… todas tienen esos tenis…”
Quédate.
Respira hondo.
No corras a resolver.
No le des la cátedra de por qué “eso no importa”.
No la llenes de teorías adultas que a esa edad no sirven de nada.
Quédate ahí. Presente.
Acompáñala a sentir lo que tanto duele:
Ese nudito en la garganta de no encajar… Esa incomodidad de querer ser aceptada… y no saber cómo.
Porque, aunque no lo parezca, ahí está la oportunidad.
En ese vacío incómodo, donde no hay nada que comprar ni que probar, es donde empezarán a germinar sus verdaderas raíces.
Y llegará un día, aunque ahora parezca imposible, en que podrá mirarse al espejo y decir sin necesidad de gritarlo ni demostrarlo:
✨ “Yo soy suficiente, tal como soy. Y aunque no lleve lo que todas, ya tengo mi lugar.”
Ese será el día en que tu hija comprenda algo que muchos adultos jamás logran entender:
Que si la identidad se construye solo desde lo que rechazo, lo que excluyo, lo que “no soy”…
Se queda frágil. Siempre a merced del entorno. Y siempre necesitando a alguien afuera… para sentirse que se está adentro.
¿Y sabes qué es lo peor?
Esa tendencia no se queda en la infancia.
Si no se trasciende, se cuela en la adolescencia… y sigue, y sigue…
Personas adultas que no saben relacionarse sin competir. Que no pueden ser felices sin compararse. Que no logran abrir su corazón… por miedo a no encajar.
Lo explica muy claro el Dr. Gordon Neufeld PhD:
“La madurez no se alcanza con independencia prematura, ni con rebeldía… sino cuando el ser humano echa raíces en su propio corazón.”
Así que la próxima vez que sientas ese impulso de “salvarla de la incomodidad”, detente un segundo…
Respira.
Y recuerda: Estás sosteniendo con ella un espacio sagrado.
El lugar donde un día sin prisas, sin presiones, tu hija echará raíces.Y desde ahí… será LIBRE.
Libre para pertenecer sin excluir.
Libre para abrirse a los demás sin perderse a sí misma.
Libre para caminar su propio camino…
Con paso firme y corazón abierto. 💖
Adriana Soberon P
Coach de transiciones, consteladora y facilitadora de procesos de integración cuerpo-emoción.
© Adriana Soberon P. Todos los derechos reservados.
🧭 Este texto es una reflexión basada en mi propia experiencia y NO reemplaza atención profesional. Si estás atravesando un momento difícil, considera buscar apoyo especializado en salud física o mental.



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