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¿La adolescencia los separa… o los une?

  • asp3020
  • 11 ago 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 16 oct 2025

La adolescencia… ¿peligro o oportunidad?
La adolescencia… ¿peligro o oportunidad?

Hay días en que me descubro con el dedo detenido sobre la pantalla del teléfono, mirando fotos de cuando mis hijos eran chiquitos:


pañales,

abrazos interminables,

risas que llenaban la casa,

carreras para saltar a mis brazos.


En ese entonces, yo era su centro, su brújula, su certeza.


Y aunque fue un regalo inmenso, no es un lugar donde quiero quedarme… aunque todavía hay partes de mí que se resisten a soltarlo.


Quizás porque en mi propia adolescencia no hubo un puente claro entre la niña y la mujer.


En casa se crecía de golpe, sin instrucciones, sin una mano que dijera: “anda, explora, y cuando te canses, aquí estoy.” No culpo a mis padres; ellos tampoco tuvieron ese mapa.

Por eso busqué mi identidad sola, como quien sale a caminar sin brújula.


Creí que para encontrarme tenía que alejarme.

Me escondí, me protegí, y dejé partes mías sin estrenar, por miedo a que se marchitaran antes de florecer.


Con el tiempo entendí que mi mamá podía sostener más de lo que imaginé. Que había espacio en ella para la hija que yo era y para la mujer que estaba naciendo. Mi papá ya no estaba para confirmarlo, pero me gusta pensar que él también hubiera sabido recibirlo.


Y entonces comprendí algo esencial: la adolescencia no es un examen que se pasa o se reprueba. Es un territorio que se habita… o se evita.


Cuando se vive desde la apertura y no desde el miedo, la adolescencia se vuelve un laboratorio de vida. Pero si la atravesamos escondidos, quizás envejezcamos… pero no maduraremos.


Hoy, como mamá de tres, lo veo distinto:


Que la adolescencia de nuestros hijos no es una amenaza, ni una etapa para retirarnos diciendo “ya no me necesita”. Es justo lo contrario: es cuando más nos necesitan. Es cuando nos ponen a prueba, sin decirlo, para ver si nuestro amor sigue firme, incluso cuando nos empujan un poco lejos.


Es la etapa donde su búsqueda de independencia no debe confundirse con rechazo, sino con el intento más honesto de convertirse en ellos mismos.


Por eso tengo dos certezas.


La primera: no quiero quedarme anclada en la nostalgia de cuando eran pequeños solo para evitar lo incómodo. Cada emoción que despiertan en mí, incluso las difíciles, es parte de mi propia madurez como mamá. Si lo abrazo, crezco yo, y crece nuestra relación.


La segunda: no quiero imponerme cuando su voz me incomoda. Ya sé lo que se siente cuando el adulto se agranda para tener la razón. Lo viví como hija. Y aprendí que ese gesto no educa: aplasta.


Así que hoy elijo otra cosa.


🌱 Elijo ser raíz cuando todo afuera se mueve.

🌱 Elijo recibir sus desacuerdos como señales de crecimiento.

🌱 Elijo abrir espacio para su diferencia, sin querer que sean un reflejo mío.

🌱 Elijo confiar en que, aunque exploren el mundo, sabrán regresar a casa.


Ser mamá es aprender a decir adiós muchas veces. Algunas duelen, otras llenan de orgullo.


Casi siempre, un poco de ambas.


Hoy me despido, con ternura y gratitud, de aquella etapa donde mis brazos eran su hogar.


💛 Me quedo con las risas, los “mamá, ven”, las manitas buscando las mías, sus ojos encontrando certeza en los míos.


✨ Y abro los brazos a otra etapa: conversaciones largas, chistes compartidos, abrazos más escasos pero más profundos, “te quieros” que se dicen con palabras y respeto.


La adolescencia trae desafíos, sí. Pero también una relación más auténtica, más consciente, más viva.


Y yo elijo vivirla con gozo.


Porque las etapas no se pierden. Se transforman.


El Loco del Tarot de Marsella


La adolescencia tiene la energía del Loco.


Ese viajero que avanza sin ruta trazada, con el corazón encendido y los bolsillos llenos de sueños.Camina con curiosidad y con miedo, pero avanza igual, confiando en un hilo invisible que lo une a su origen.


Así son nuestros hijos: quieren descubrir el mundo, pero esperan, aunque no lo digan, que el hilo no se rompa. Que haya un hogar, un amor, un lugar al que puedan volver.


Nuestro papel no es frenar su paso ni dictarles la ruta. Es caminar a su lado lo suficiente para que sepan que seguimos ahí.


Porque El Loco, como la adolescencia, no se lanza para perderse…sino para encontrarse.



© Adriana Soberón


Coach en transiciones de vida y facilitadora del modelo Neufeld

Inspirado en el enfoque de Crianza Evolutiva del Dr. Gordon Neufeld

 
 
 

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