¿Podría ser que tu sensibilidad sea la señal de que estás madurando emocionalmente?
Actualizado: 20 ago

Hay momentos en los que puedes sentir que estás retrocediendo. De pronto estás más sensible, más vulnerable, más emocional de lo habitual. Vuelves a llorar por algo que creías superado, aparece otra vez el enojo, el miedo, la tristeza. Y entonces llega esa voz dentro de ti: “¿Otra vez aquí? Yo ya debería haber superado esto.”
Pero quiero proponerte una perspectiva distinta a la historia que quizá te has estado contando:
No necesariamente estás retrocediendo. Tal vez estás desarrollando músculo.
Así es: músculo emocional.
Porque desarrollar la capacidad de contener en tu cuerpo tus emociones no significa aprender a resistirlas, controlarlas o dejar de sentirlas. Significa desarrollar un cuerpo capaz de sostenerlas sin tener que reprimirlas.
Como cualquier músculo, el músculo emocional se desarrolla al usarlo.
Y desarrollar músculo no significa dejar de sentir el peso. Significa aumentar poco a poco tu capacidad para sostenerlo sin que ese peso te aplaste. Lo vas desarrollando cuando puedes sentir tristeza sin huir de ella. Cuando puedes permitirte el enojo sin actuarlo inmediatamente. Cuando puedes atravesar el miedo sin necesitar hacerlo desaparecer.
Con el tiempo, ese músculo va tomando fuerza, y también elasticidad.
Aprende a recibir tensión sin endurecerse y a sostener intensidad sin colapsar. Y a veces las fuerzas que tiene que sostener tiran incluso en direcciones contrarias.
Puedes amar y estar enojada.
Sentir miedo y, al mismo tiempo, querer avanzar.
Extrañar algo y saber que no quieres volver.
Sentir tristeza y gratitud a la vez.
Un músculo emocional fuerte no necesita resolver inmediatamente esas contradicciones. Puede sostener la tensión entre ellas.
Pero un músculo no solo necesita fuerza. También necesita conciencia de qué está cargando. Porque una cosa es sostener una emoción y otra muy distinta seguir agregándole peso con pensamientos que te devuelven, una y otra vez, al mismo lugar.
Y ahí entra tu mundo interno.
Desarrollar tu mundo interno te permite observar lo que está ocurriendo dentro de ti y distinguir entre la emoción que estás experimentando y la historia que tu mente comienza a construir alrededor de ella.
La emoción quizá comenzó con algo que está ocurriendo ahora, pero tu mente puede empezar a cargarla con el peso del pasado o con un futuro que todavía no existe.
Y ahí aparece una posibilidad distinta: la de detenerte y observar tu propio pensamiento.
¿Qué me estoy diciendo?
¿Esto que estoy pensando corresponde a lo que está ocurriendo ahora?
¿O estoy mirando el presente a través de una historia del pasado o del miedo a lo que podría suceder?
No se trata de invalidar lo que sientes. Se trata de reconocer cuándo un pensamiento está ayudándote a comprender tu experiencia y cuándo simplemente está agregando más peso a la emoción.
El músculo emocional sostiene la emoción. Tu mundo interno aprende a reconocer qué peso pertenece al presente y cuál estás agregando tú.
Ahí es donde ambos empiezan a trabajar juntos.
Uno aprende a discernir.
El otro aprende a sostener.
Y juntos te permiten sentir intensamente sin colapsarte, pero también sin desconectarte.
La emoción se mueve, pero no te arrastra.
Acuerdate que el músculo no es defensa; es presencia.
Un músculo fuerte no permanece contraído todo el tiempo. Puede recibir tensión, sostenerla y también soltarla.
La defensa, en cambio, se parece más a una contracción permanente. Tu cuerpo se cierra para no sentir: el pecho se tensa, la respiración se acorta, aparece la distancia, la frialdad o el sarcasmo.
Parece fuerza, pero muchas veces es miedo: miedo a volver a sentir aquello que, en otro momento, dolió demasiado.
Y quizá ahí está la diferencia:
La defensa se contrae para sentir menos.
El músculo se fortalece para poder sentir más.
No porque sentir más signifique sufrir más, sino porque ahora existe dentro de ti una mayor capacidad para recibir la experiencia sin tener que cerrarte frente a ella.
Y es ahí donde aparece la sabiduría de tu Ser Superior:
Esa parte de ti que puede observar con compasión, sentir sin perderse y permanecer presente sin endurecerse.
Desarrollar músculo es, entonces, madurez emocional. Tu cuerpo y tu conciencia comienzan a cooperar.
Ya no necesitas cerrar el corazón para protegerte.
Puedes abrirte y seguir habitándote.
Y quizá ahí aparece algo todavía más profundo: no desarrollas músculo emocional solamente para sostener aquello que duele.
Lo desarrollas para sostener más vida o "aliveness"
Porque no solo el dolor tiene el poder de desbordarte. También el amor, la intimidad, la alegría, el cambio o incluso aquello que llevabas tanto tiempo deseando pueden despertar en ti una intensidad que todavía estás aprendiendo a recibir.
A veces no te cierras porque no quieras algo.
A veces te cierras porque todavía estás desarrollando el músculo necesario para sostener todo lo que eso despierta dentro de ti.
Quizá de eso se trata crecer: no de sentir menos, sino de ampliar tu capacidad para recibir la vida sin perderte en ella.
Por eso, si una emoción vuelve, no necesariamente significa que hayas retrocedido.
Tal vez, esta vez volvió porque hoy ya tienes más músculo desarrollado para poderla sostener.
Así que ten paciencia contigo.
Respira.
Confía.
Estás creciendo hacia adentro.
🜂 Sobre el Tarot de Marsella: La Templanza (XIV)
Y como me gusta cerrar cada artículo con una carta del Tarot de Marsella que refleje el camino del que hablo, esta vez acompaña el texto La Templanza (XIV).
La Templanza te recuerda precisamente a este músculo emocional.
En su imagen, el agua pasa de una vasija a otra. No se detiene ni se contiene a la fuerza: encuentra un cauce.
No se trata de eliminar la intensidad, sino de permitir su movimiento sin que te desborde.
Y quizá por eso sostiene dos vasijas.
Porque la vida no siempre ocurre en una sola dirección. Puedes amar y estar enojada, sentir miedo y querer avanzar, experimentar tristeza y gratitud al mismo tiempo.
La Templanza no necesita eliminar una corriente para darle lugar a la otra. Permite que ambas se encuentren y se muevan.
Eso también es músculo emocional: tener suficiente espacio dentro de ti para sostener la complejidad sin tener que resolverla inmediatamente.
No hay represión, hay movimiento.No hay rigidez, hay presencia.
Y quizá la verdadera fortaleza sea justamente esa:
sentir sin desbordarte, sostener sin endurecerte y abrirte sin perderte.
Hasta que aquello que parecía demasiado intenso encuentra, poco a poco, su propio cauce.
Adriana Soberon P.©️ Copyright. Todos los Derechos Reservados.



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